El litigio tradicional, como ocurre con las guerras o las competiciones deportivas, se suele ver como un enfrentamiento entre las partes implicadas donde habrá vencedores y perdedores. Esa dicotomía, que parte de una perspectiva del conflicto, tiende a agravar las situaciones.
Si eso lo llevamos al mundo corporativo, donde habitualmente encontramos temas comerciales, societarios y contractuales complejos, el resultado puede terminar en disputas largas, desgastantes y costosas. Pero esto no tiene que ser así siempre, ya que para eso existen los Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos (MASC), una serie de herramientas legales que permiten reencauzar situaciones complejas sin llegar a romper relaciones.
Los MASC parten del concepto de una negociación basada en intereses de las partes implicadas y no simplemente de posiciones jurídicas enfrentadas. Esto permite ampliar el abanico de posibilidades para lograr una solución. Entre las más habituales encontramos la conciliación, la mediación, la negociación y el arbitraje.
De acuerdo con Carrie Menkel-Meadow, profesora emérita de Georgetown University, los acuerdos alcanzados mediante mediación presentan mayores niveles de cumplimiento voluntario y satisfacción de las partes que las decisiones impuestas por tribunales o árbitros[1].
Mediación y arbitraje: enfoques complementarios
Desde una perspectiva de gobierno corporativo, la gestión inadecuada de disputas puede convertirse en un riesgo sistémico. Investigaciones del Wharton School de la Universidad de Pensilvania destacan que los conflictos no resueltos entre socios o accionistas afectan la toma de decisiones estratégicas y erosionan el valor organizacional, especialmente en empresas familiares y joint ventures.
Otra de las evidencias que se desprenden de diferentes investigaciones es que las empresas que institucionalizan mecanismos colaborativos de resolución de disputas desarrollan culturas de mayor confianza y cooperación. Esto ocurre porque el conflicto deja de ser visto como una amenaza y se convierte en un problema gestionable.
Además, la mediación ayuda a reducir significativamente los costos indirectos del conflicto como el tiempo dedicado por la alta gerencia, el deterioro de la confianza y el impacto reputacional. Estos costos rara vez se reflejan en los estados financieros, pero afectan directamente la competitividad de la empresa.
En la práctica, al utilizar la mediación o la negociación, se pueden reencauzar relaciones comerciales sin llegar a la ruptura total, algo más complicado cuando existe una sentencia o una condena de por medio. Esto será especialmente relevante en contextos donde las partes deben continuar interactuando después de la disputa, como ocurre en disputas entre socios, empresas vinculadas o contratos de distribución de largo plazo donde la relación perdura.
Otro tema que es importante señalar es que el uso de la mediación, la negociación o la conciliación, no excluye llegar a un arbitraje, que será el último recurso cuando no se logra un acuerdo por otra de las vías.
En definitiva, el verdadero valor de los MASC no se limita a reducir costos o acelerar procesos. Su principal aporte es permitir la resolución de disputas sin destruir relaciones que sostienen el negocio. La evidencia académica sustenta que los métodos alternos fortalecen la sostenibilidad empresarial, protegen el valor reputacional y mejoran la calidad de las decisiones.
La pregunta para las organizaciones con disputas abiertas ya no debe ser si están dispuestos a utilizar los MASC, sino es cuán temprano están dispuestas a hacerlo. En muchos casos, esa decisión temprana marca la diferencia entre un conflicto manejable y una crisis irreversible
Publicado el 13 de abril de 2026
[1] Dispute Resolution: Beyond the Adversarial Model