Tener un negocio valioso no es lo mismo que tener un negocio atractivo para la venta. No es casualidad que, entre el 70% y el 80% de las pequeñas y medianas empresas que se intentan vender, fracasan en encontrar a un comprador[1].
Esto puede ocurrir debido a que el valor del negocio está concentrado en aspectos que no son fáciles de transferir como el conocimiento del propietario, sus relaciones comerciales, la confianza de ciertos clientes o procesos que nunca fueron documentados. Pero también porque existen asuntos legales, financieros o corporativos pendientes de solucionar, que pueden pesar a la hora de que un comprador evalúe la operación.
El experto financiero Brent Beshore explica en su libro The Messy Marketplace[2] que existen varias razones para vender un negocio, pero que esa decisión rara vez es puramente racional, porque detrás de cada negocio hay una historia personal o familiar. Reconocer esa carga emocional permite enfrentar el proceso con mayor objetividad. Algunas de las razones incluyen:
¿Qué podría dificultar la venta?
Como ocurre con cualquier plan de venta, el proceso pasará por diferentes etapas que van desde la preparación interna, la identificación y acercamiento con potenciales compradores, hasta la debida diligencia, la negociación y el cierre del negocio.
Una decisión inicial será definir qué se quiere obtener, para establecer un punto de referencia en la negociación, y valorar los factores que podrían poner en riesgo la transacción. Estos pueden estar relacionados con la organización del negocio, su forma de operar, los aspectos financieros y legales y, en algunos casos, asuntos personales de alguien vinculado a la empresa. Lo importante es identificarlos antes de que lo haga el comprador.
Otro tema que se debe determinar es si la venta será total o parcial. En el segundo caso, además del porcentaje de participación, será necesario definir aspectos como el nivel de involucramiento que los socios conservarán, los plazos, las expectativas de retorno, las garantías y las condiciones que regirán la relación con el nuevo inversionista.
También es importante identificar al comprador adecuado. Un comprador estratégico, por ejemplo, puede valorar el negocio de una manera distinta a un inversionista financiero que solo quiere sacarle un rendimiento económico rápidamente.
Prepararse para el escrutinio del comprador
Un comprador hará preguntas y buscará comprobar que la información que recibe coincide con la realidad del negocio. Por eso, ordenar la contabilidad, regularizar situaciones corporativas pendientes y resolver las contingencias legales conocidas puede marcar una diferencia importante. Hacerlo antes de que exista una oferta sobre la mesa permite que los socios lleguen a la negociación con mayor control sobre la información y con conocimiento de los riesgos que el comprador encontrará durante la debida diligencia.
También es importante entender que no existe un “valor justo” universal para un negocio, ya que este estará fijado por el valor que está dispuesto a pagar el comprador. Lo que sí puede hacer una compañía bien preparada es respaldar sus expectativas con información financiera confiable, contratos, documentación corporativa y una situación legal ordenada. Esto no garantiza que el comprador acepte el precio que el vendedor espera, pero permite iniciar una conversación a partir de hechos y no de percepciones.
Otro aspecto a tener en cuenta es que una transacción puede no llegar a cerrarse, incluso después de meses de negociación y arduo trabajo. Un cambio en las condiciones del mercado, una diferencia en las expectativas de las partes, un hallazgo durante la debida diligencia o una dificultad para acordar las condiciones finales puede hacer que el comprador se retire. Tener una estrategia clara y expectativas realistas desde el inicio permite anticipar estos escenarios y tomar decisiones con mayor rapidez.
La compañía puede ser rentable para su propietario y, al mismo tiempo, no estar lista para un proceso de venta. Prepararla para la venta implica lograr que su valor pueda ser entendido y valorado por el futuro propietario. Por eso es tan importante el papel que cumplen los asesores legales y financieros, cuyo trabajo va más allá de preparar documentos o negociar condiciones. La asesoría correcta le ayudará a identificar riesgos, estructurar la operación, evaluar alternativas, negociar con potenciales compradores y acompañar el cierre. También permitirá que los socios mantengan su atención en el negocio mientras el proceso de venta avanza.
Vender un negocio, entonces, no consiste únicamente en encontrar a alguien dispuesto a pagar un precio determinado. Se trata de diseñar una operación que responda a los objetivos de quienes construyeron el negocio, que permita que su valor sea reconocido y que reduzca los riesgos que podrían impedir que la transacción llegue a buen término.
Si desea más información o está evaluando la venta de su negocio, no dude en contactarnos.
[1] Exit Planning Institute, State of Owner Readiness, citado en Forbes, “Why 80% Of Owners Can’t Sell A Business When They Want To,” abril 2025. https://www.forbes.com/sites/liendepau/2025/04/09/why-80-of-owners-cant-sell-a-business-when-they-want-to/
[2] Beshore, Brent. 2018. The Messy Marketplace: Selling Your Business in a World of Imperfect Buyers. Boring Books.
Publicado el 4 de septiembre de 2026.